miércoles, 7 de abril de 2010
Eliminamos de todos lados el nombrecito de aquel chico y aún así en el momento menos pensado lo encontramos. Siempre en el momento más inoportuno. Nunca el día que lo pensábamos. Tal vez ese día estábamos contentas, hablando con aquella persona que después de él, por primera vez, te empezó a gustar y de repente ves esa cara. La de quién te hizo experimentar cosas que te quedaron grabadas adentro y que querés sacar a la fuerza porque llegó un momento en que te diste cuenta que ya basta. Sí, hablo de esa persona, la última que esperás encontrarte. Esta ahí, adelante tuyo. ¿Y nosotras? Nosotras nos ponemos nerviosas. Nos olvidamos de lo que estábamos haciendo y solo queremos salir de ahí, llegar a nuestras casas y olvidarnos del momento que acabamos de pasar. Pero también por otro lado, aparecen las ganas de saludarlo y hasta te acordás de la complicidad que tenias, que ya no existe, y quizás también hasta tenés ganas de abrazarlo y decirle lo mucho que te cuesta olvidarlo. Pero despues pensás, y te das cuenta que el ya no es NADA y sacás la conclusión de que esa casualidad es una cosa más del destino que se ríe un poco de nosotros;
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